El docente y divulgador Arián Vaquer reflexiona sobre cómo el uso creciente de la inteligencia artificial puede impactar en nuestras capacidades mentales y plantea un desafío clave para el presente y el futuro.
Arián Vaquer, docente y divulgador en diversos temas de tecnología e inteligencia artificial, plantea desde ArianVerse una reflexión sobre el sedentarismo cognitivo.

Hoy usamos la tecnología para casi todo: para orientarnos, para calcular, para recordar y ahora también para escribir, resumir y pensar. Pero esto abre una pregunta en común: ¿Qué pasa con nuestro cerebro cuando dejamos de usarlo? Mariano Sigman y Santiago Bilinkis hablan de esto en su libro sobre inteligencia artificial y lo llaman sedentarismo cognitivo. Es decir, así como el cuerpo se vuelve sedentario cuando no se mueve y no se ejercita, la mente también puede volverse un poco perezosa cuando deja de ejercitarse.
En realidad, no es la primera vez que delegamos capacidades mentales. Hace ya muchos años que dejamos de memorizar números de teléfono, abandonamos los cálculos mentales por la calculadora y hoy casi nadie sabe orientarse sin un GPS (me incluyo especialmente en este último grupo). Cada herramienta tecnológica nos alivió una tarea, pero también redujo el entrenamiento de ciertas habilidades.
Lo diferente en esta ocasión es que la inteligencia artificial generativa no solo reemplaza tareas mecánicas o tareas específicas. La IA empieza a reemplazar tareas cognitivas profundas, como leer textos largos, resumir información, relacionar ideas, escribir y argumentar, es decir, pensar problemas complejos, funciones centrales del pensamiento humano. Delegar no es necesariamente malo; de hecho, gracias a eso avanzamos como civilización. El problema aparece cuando dejamos de tener la capacidad de poder hacer aquello que delegamos.
Si uso una calculadora, pero aún puedo calcular o entender el razonamiento detrás del cálculo que estoy realizando, no hay problema. Si uso un GPS, pero aún puedo orientarme, tampoco. Pero… ¿Qué pasa si dejamos de saber escribir sin ayuda o de comprender un texto complejo o sintetizar ideas por nosotros mismos? En el ámbito educativo, este debate es central. La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para aprender mejor, más rápido y con más apoyo, pero también puede convertirse en una muleta permanente.
Si el estudiante delega todo en la máquina, aprende menos. En cambio, si el docente la usa estratégicamente, puede potenciar enormemente el aprendizaje; la diferencia está en cómo se usa. El sedentarismo cognitivo es peligroso porque no se nota de inmediato: no duele, no se ve, no aparece de un día para el otro. Simplemente empezamos a depender cada vez más de algo externo para poder pensar. Cuanto menos usamos ciertas capacidades, más se debilitan.
La pregunta no es si debemos usar inteligencia artificial, porque claramente la IA llegó para quedarse. La verdadera pregunta es: ¿la estamos usando para ampliar nuestras capacidades o para reemplazarlas?
El desafío de esta época no es frenar a la IA, sino evitar que nuestra inteligencia se vuelva pasiva. Así como sabemos que el cuerpo necesita movimiento, el cerebro también necesita esfuerzo: leer, pensar, dudar, relacionar ideas, crear. Porque, si dejamos de hacerlo, nadie lo va a hacer por nosotros. La IA puede pensar con nosotros, pero no debe pensar por nosotros.
El futuro no depende de cuán inteligente sea la tecnología, sino de cuán activa sigue siendo nuestra mente. Por eso, desde ArianVerse invitan a quienes quieran conocer más sobre los servicios que prestan —tanto cursos como capacitaciones y entrenamientos personalizados sobre inteligencia artificial— a agendar una primera consulta gratuita en su sitio web, para poner en marcha esa actualización y ese crecimiento profesional que tanto se necesita. Que la inteligencia artificial no te reemplace: hacé que te potencie.
