La psicopedagoga Cintia Taddeo explica desde el Consultorio de Psicopedagogía Matriz, su espacio de atención personalizada, cómo captar la atención para que se produzca el aprendizaje.
Muchas veces decimos “prestar la atención”. La atención la prestamos, la pedimos, la exigimos y lamentamos cuando falta. Muchas veces los docentes y los terapeutas hacemos gestos pedagógicos para llamar la atención, para captar la atención. Cambiamos el tono de voz, nos movemos, hacemos preguntas disruptivas, creamos misterios, todo eso para llamar la atención, porque sin atención no hay aprendizaje.
¿Se puede prestar la atención? Cuando utilizamos el término prestar es prestamos un libro, prestamos un juguete, damos algo para que luego el otro nos lo devuelva. La atención es un proceso complejo, dinámico y que depende de múltiples factores, entre ellos el ambiente, el contexto, el interés. Lo otro es el vínculo con la persona que enseña. Depende también del sistema nervioso de la persona que está aprendiendo, la motivación y especialmente de la historia de aprendizaje que tuvo esa persona.
Volviendo otra vez a la frase inicial: ¿Podemos prestar lo que no tenemos? A veces vemos en las aulas, en los consultorios que decimos: «No presta atención.» Y eso ¿puede llegar a suceder? ¿Es voluntario no prestar atención?
En realidad lo que estamos viendo es un resultado visible de una acción cuando no nos preguntamos sobre las causas de ese no prestar atención. Hay dos causas de no prestar atención que son bastantes emergentes en este último tiempo y muy contemporáneas.
Por un lado, el déficit de atención, que es una condición que frecuentemente se está viendo mucho en los niños que también se denomina TDA con o sin hiperactividad. Trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad. A mí me gusta llamarlo condición, es una condición que tienen los niños de no poder focalizar su atención. Pero esto no es voluntario, no pueden hacerlo y tiene que ver especialmente con el sistema neurológico que no puede regular la atención de la misma manera.
A veces nos encontramos con niños que no pueden sostener la atención en actividades por más de 10 minutos, pero sí son capturados por actividades durante horas. Esas actividades le resultan de muchísimo interés. Entonces esto nos resulta muy complejo de pensar especialmente para los docentes, para los padres y eventualmente para algunos terapeutas.
Pero esto no es voluntario, él no decide o elige hacerlo, tampoco es responsabilidad de los padres por la crianza que han tenido. Es un sistema nervioso que no puede regular y poner foco en la atención porque no se activa a partir de una motivación, pero sí lo hace por tiempos muy prolongados con otra motivación.
Este déficit de atención lo podemos abordar, tratar y acompañar a esos niños en los consultorios con profesionales. Esa es una de las faltas o de las formas en la que los niños no pueden concentrarse especialmente en las escuelas.
Otra de las causas que ha llegado a la sociedad de este último tiempo son los dispositivos móviles, especialmente en las infancias. Los dispositivos móviles han hackeado la atención y han puesto a nuestros niños en otro lugar o en lugares más complejos y a los docentes les resulta muy difícil capturar la atención dentro de las aulas.
¿Qué necesita un bebé para aprender? Luz, sonido y movimiento. Necesita que abran una ventana y poder ver la luz a través de la ventana. Necesita ver moverse a su mamá y a su papá por la casa, una música que escucha, todos esos estímulos producen destellos de dopamina en su cerebro y da una sensación de recompensa y de muchísima gratificación.
¿Qué tienen las pantallas? Luz, sonido y movimiento. Pero en una dosis muchísimo más grande, en un shock dopaminérgico que hace que ese bebé se sienta capturado por una pantalla y deje de lado ese movimiento, esa luz y esa música que puede llegar a escuchar en el ambiente.
¿Qué les encanta a los niños? Ir a jugar al ajedrez con sus abuelos, cocinar galletitas con sus abuelas, salir, andar en bicicleta con sus amigos por la plaza, jugar un juego de mesa. Eso les produce tal gratificación que lo quieren repetir.
Con la llegada de las pantallas, la gratificación la encuentran coleccionando moneditas en un juego, comprando distintos artículos y demás. Y ya no es suficiente esa gratificación que sentían con sus abuelos, con sus abuelas, con sus amigos y prefieren y eligen quedarse jugando un jueguito en los videos.
Esa atención es capturada por este dispositivo móvil que además lo pueden trasladar a cualquier lugar, lo pueden llevar a la habitación, lo pueden guardar en la mochila, lo pueden llevar en el auto.
Esto lo que nos ha demostrado es que es mucho más difícil captar la atención dentro de las aulas porque la dopamina o la gratificación que producía el aprendizaje adentro de las aulas ahora no puede competir con la gratificación de los juegos y de los dispositivos móviles.
Estamos en un momento de muchísimo desafío cuando nos convoca profesionales, educadores y a los padres y a la sociedad en general de poder replantearnos a ver qué le ofrecemos y qué no le ofrecemos a los niños en el entorno de nuestros hogares y en las escuelas, para que el aprendizaje siempre siga siendo motivador, estimulante, gratificante a partir del esfuerzo.
Podemos captar la atención. Debemos captar la atención para que se produzca el aprendizaje y para seguir acompañando a las infancias y a las adolescencias. Si necesitás ayuda porque en tu consultorio llega un consultante con algunas características, desde Matriz te podemos ayudar y acompañar en este proceso.
Quienes estén interesados en contactarse con el espacio Matriz pueden hacerlo a través de su cuenta de Instagram o mediante WhatsApp al 223 672-6488.
