lucrecia-martel-en-mar-del-plataImagen: Malena Ybañez (@mygenesis___)
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Lucrecia Martel Por Benjamín Blanco, estudiante de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata

Acerca de la razón por la preferencia de su cine por planos cortos (que muchas veces se vuelven claustrofóbicos, donde personajes acostados en una cama, recostados en sillas o reposeras o parados en el medio de una escuela o el Océano Atlántico contemplan y reciben atónitos los estímulos visuales y sonoros del espacio que los rodea), Lucrecia Martel, entre risas, dijo: “Yo no veo bien”. Pero su charla del pasado viernes 12 en el Aula Magna “Coca Maggi” organizada por el Departamento de la Tecnicatura Universitaria en Comunicación Audiovisual de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño demuestra todo lo contrario.

En las dos horas que duró la conversación coordinada por el director de cine y docente en la Tecnicatura Diego Ercolano, la cineasta y guionista oriunda de Salta repasó algunos aspectos formales y temáticos de toda su filmografía, desde las relaciones sociales de poder en películas como La ciénaga (2001) y La mujer sin cabeza (2008) hasta la aparición del deseo y la sexualidad en La niña santa (2004) y el desafío de adaptar una novela como Zama (1956), de Antonio Di Benedetto, destacando la centralidad del arte como proyección a futuro de una experiencia que, como según ella entiende a la realidad por fuera de las salas de cine y los dispositivos que transmiten películas, no es para la certeza ni la verdad, sino para la conmoción y el enriquecimiento de nuestras vidas.

Como profesional y, en algún sentido, un fanático más del fenómeno alrededor de la figura de la invitada -hecho que se vio en una sala colmada, reiteradas y sostenidas rondas de aplausos, y un público aferrado a los ejemplares de Un destino común-, Diego Ercolano supo conectar las preguntas iniciales con la trayectoria personal de la directora. Esta estrategia generó un ambiente distendido y casual, que dejó a Martel cómoda para bromear sobre ciertos escándalos recientes de supuesta corrupción y el estado de la inspiración en su obra, que, según sus palabras, nunca vio ni llegó a conocer.

En relación con esto último, la directora enfatizó la importancia de una formación colectiva en comunicación audiovisual, o cine, donde todos los miembros que integran un rodaje (a la manera de un barco perseguido por una tormenta) jamás deberían “perder el horizonte”, ni mucho menos ceder el rumbo a los caprichos de la persona que presidiera la embarcación (es decir, el cineasta a cargo). En otras palabras, que la consolidación y concreción de un cine verdaderamente nacional y colectivo en un contexto de crisis e inestabilidad institucional, política, social, cultural y económica, sólo puede ser realizado a partir de la invención de lo compartido y no desde la resistencia individual.

El ambiente casual logrado por la moderación de Ercolano no dejó que la expectativa ni la seriedad necesaria a la altura de la invitada abandonaran el Aula. Agradecida, Martel recibió con cariño el afecto de la organización y de todo el público, además del retrato de Silvia Filler, la estudiante asesinada en diciembre de 1971 por un grupo parapolicial durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, regalo y homenaje de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño que, en un gesto más respetuoso que emotivo, acomodó sobre la mesa ubicada entre ella y Ercolano para el resto de la charla.

En cuanto a Nuestra tierra, el primer documental en su filmografía, Lucrecia reparó en el largo proceso de producción y preproducción, que le llevó más de diez años y un extenso trabajo de recopilación de fuentes, datos, testimonios y materiales fotográficos y audiovisuales. Por la fuerte impronta de reclamo y denuncia social de la película, la directora hizo hincapié en la necesidad de definir algunos de los formatos y decisiones estéticas que componen el largometraje, al que definió como “una película para el norte argentino”, desestimando cualquier posible acusación de inteligibilidad. Para ella, y de acuerdo con la reacción a distintas proyecciones, la posible incomprensión de algunos diálogos no es un problema que de verdad interfiera con la relación entre el espectador y el sentido de las imágenes puestas en escenas. Lo universal, en sus palabras, “es ir a fondo con lo regional (…), con lo particular”.

Finalizada la charla, Martel se mostró abierta a responder las preguntas del público, algunas acerca del lugar del sonido en su cine, otras sobre todo el esfuerzo que significa una película como Nuestra tierra. Además, firmó ejemplares de Un destino común y participó de fotos y conversaciones breves con seguidores, fanáticos y todo aquel que, entre entusiasmado y nervioso, se le acercó en busca de complicidad. 

El resultado fue otra muestra de la capacidad de convocatoria de la comunidad universitaria, así como de la de los diferentes actores sociales y culturales de nuestra ciudad. Esa misma noche, la directora visitó el paseo gastronómico Chauvin, donde participó de una proyección de Nuestra tierra. Al día siguiente, hizo lo mismo en otra charla, que tuvo lugar inmediatamente antes a la presentación de la película en la Feria Invierno de Editoriales y Cultura Gráfica organizada por la librería y editorial independiente El Gran Pez en colaboración con el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Como en el Aula Magna, la capacidad del Teatro Auditorium estuvo colmada. Respirando un aire de comodidad y asombro similar al del día anterior, casi mil personas disfrutaron y experimentaron durante dos horas la película-documental acerca del crimen y asesinato de Javier Chocobar por parte de Darío Amín y otros efectivos de la policía tucumana involucrados en el caso.

Sin intención de contradecirla, lo cierto es que Lucrecia Martel ve más que bien, y Nuestra tierra es un ejemplo perfecto. Además, la película nos recuerda la capacidad del cine para despertar sensibilidades, inquietudes que nos invitan como espectadores a levantarnos transformados de la butaca donde pasamos dos horas, con más preguntas que certezas. En este caso, acerca de la problemática que recorre toda la producción ya desde su título: ¿quiénes son los propietarios de la tierra?


El presente artículo refleja la opinión personal de su autor/a y no corresponde necesariamente a la línea editorial de Trama Educativa.

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