La Unión Marplatense de Acción Social por los Derechos del Ciego y Amblíope (Umasdeca) es una organización con más de 40 años de trayectoria en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad visual. Su trabajo abarca desde la rehabilitación hasta la inclusión en diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

En Trama Educativa Radio, Gladys Correa, directora de la institución, y Noemí “Mimi” Calabrese, integrante de la Comisión Directiva, compartieron detalles sobre la labor que realizan desde Umasdeca y los desafíos que enfrentan.

La institución se creó en 1981 por un grupo de personas con discapacidad visual que querían volver a trabajar”, explicó Correa. En aquel entonces, la inserción laboral era un desafío, por lo que Umasdeca surgió como un espacio para responder a las necesidades de las personas ciegas y asesorar al Municipio en lo relacionado a ordenanzas y leyes a nivel provincial y nacional.

Con el tiempo, la organización fue expandiendo sus servicios, dando respuesta a nuevas necesidades. En 1998, iniciaron un pequeño espacio de rehabilitación que, con los años, fue creciendo hasta poder tener la habilitación a nivel nacional. 

En este sentido, Correa comentó: “La idea nuestra era que el centro de rehabilitación fuera un lugar de paso, que venían, se rehabilitan y se iban, que acá nadie se quedaba”. Sin embargo, en demanda de las necesidades de las personas que asistían y que no querían dejar la institución, se creó un centro de actividades, que hoy es el Centro de Día de Umasdeca.

Uno de los grandes desafíos sigue siendo la inclusión de adultos mayores en espacios comunitarios. Si bien en el ámbito educativo existen programas de integración para niños y adolescentes con discapacidad visual, en los espacios de adultos la situación es diferente. “Cuando alguien con discapacidad visual quiere sumarse a un centro de jubilados o a una sociedad de fomento, muchas veces queda sentado mientras el resto hace las actividades porque no saben cómo integrarlo”, explicó Correa.

Desde Umasdeca buscan acompañar a las personas en su regreso a la vida comunitaria, aunque muchas veces la falta de preparación en las instituciones externas dificulta este proceso.

Para Noemí Calabrese su experiencia en la organización fue transformadora. “Siempre tuve problemas de vista, pero me manejaba bien. Durante la pandemia, un glaucoma me llevó a perder gran parte de la visión y llegué a Umasdeca llena de miedos”, contó. En la institución encontró un equipo profesional que la acompañó en su proceso de adaptación, desde el aprendizaje de nuevas formas de realizar tareas cotidianas hasta el manejo de la tecnología con lectores de pantalla.

En la institución se desarrollan actividades que van desde la rehabilitación física y psicológica hasta talleres de lectura, cerámica, educación física y uso de dispositivos electrónicos. “Te ayudan a aprender de nuevo cómo comer, cocinar, lavar los platos o usar el celular con asistencia de voz”, agregó Calabrese.

Uno de los mayores problemas que enfrentan es la cobertura de los tratamientos. Según explicó Correa, PAMI considera que la rehabilitación de una persona con discapacidad visual debe resolverse en tres meses, otorgando un máximo de 30 sesiones anuales. “Es como si quedarse ciego fuera lo mismo que fracturarse una pierna y en tres meses ya estuviera todo solucionado”, señaló.

La rehabilitación no solo implica aprender nuevas técnicas, sino también atravesar un proceso emocional y psicológico. Gladys destacó que la familia cumple un rol fundamental y muchas veces necesita apoyo y orientación para fomentar la autonomía de la persona con discapacidad.

¿Cómo acercarse a Umasdeca?

La organización funciona en Entre Ríos 2828 y atiende de 9 a 15. Las personas interesadas pueden comunicarse al teléfono 495-7577. También reciben voluntarios que deseen colaborar en diferentes áreas, desde talleres recreativos hasta asistencia en rehabilitación.

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