Entrevistamos a la Lic. Verónica Berardi, de la Asociación de Profesionales «Intervenciones psicopedagógicas en contextos de encierro» (IPCE). El proyecto propone la incorporación de licenciados en Psicopedagogía en contextos de vulnerabilidad con el fin de realizar una exhaustiva evaluación, tratamiento y seguimiento para lograr una adecuada inserción social y brindar oportunidades.

– Tiempo atrás conversamos con colegas tuyos sobre el espacio que crearon: «Intervenciones psicopedagógicas en contextos de encierro». Actualmente están avanzando con talleres de simulación cognitiva. ¿En qué consisten?

– Primero hicimos un trabajo de investigación que lleva más de un año. Queremos reivindicar y redimensionar el rol del profesional de la Psicopedagogía porque no se incorporan en estos contextos. A raíz del estudio y de nuestro proyecto decidimos mostrar eso de otra manera. Fuimos voluntariamente y armamos el taller de simulación cognitiva. El cual se está llevando a cabo en la Unidad Penal 15 y en la 44 de Batán. Vemos qué es lo que necesitan desde una mirada psicopedagógica. También observamos cómo pueden aprender, cómo se alfabetizan, quién los evalúa y saber bien cómo es el proceso de aprendizaje. De ese modo estamos mostrando, de forma abreviada, de qué se trata nuestro proyecto: tratar con las personas en contextos de encierro y después ayudarlos en el afuera.

– ¿Trabajan solo con las personas que están internas en el penal o también lo hacen con los docentes para la simulación cognitiva?

– Primero nos reunimos con todos, con las autoridades del penal, con los equipos de orientación, con los equipos interdisciplinarios, porque es importante que el trabajo sea mancomunado. Ahora, solo estamos interviniendo con los internos, como ahí se los llama. Son seleccionados por la escuela para que conozcamos bien cómo es la situación allí adentro. Próximamente nos volveremos a reunir con los profesionales de la penitenciaría y daremos una devolución sobre qué se observó, qué necesidades tiene cada persona y cómo se pueden abordar. La idea es brindarles estrategias educativas para que puedan aplicarlas.

– ¿Podemos hablar de un diagnóstico inicial general de los internos?

– No, porque para tener un diagnóstico necesitamos algunas cuestiones como entrevistas con la persona y ciertas evaluaciones donde se pueda ver la capacidad cognitiva. Lo que sí pudimos observar es cómo están sus subjetividades, cómo afecta el contexto de encierro en el aprendizaje, cómo afecta la incertidumbre a quienes no tienen condena. Todo eso genera en la persona diferentes situaciones que hacen que tengamos que analizar cómo está hoy su intelectualidad, cuáles son sus prioridades, hacia dónde podemos apuntar para que puedan sobrellevar esta situación de la mejor manera posible, también reconociendo situaciones para no volver a cometerlas. Lo que surge mucho es que algunos no entienden por qué están ahí. Comprender también tiene que ver con enseñar, con transmitir sobre la perspectiva de género, sobre la violencia de género, sobre la violencia infantil. Estamos hablando de una transculturalidad. Entonces tenemos que entrar, conocer y analizar todas esas situaciones. De los grupos que observamos podemos ver un panorama pero no un diagnóstico.

– ¿Los internos tienen algún temor de hablar con ustedes?

– En nuestro proyecto no está la idea de adentrarnos en la situación por la cual ellos están ahí. Al principio notábamos mucho rechazo con respecto a contar su individualidad. Entonces el trabajo era sobre lo cognitivo, que es lo que nosotros queríamos hacer. Trabajamos mucho con la memoria y el afecto. Eso nos lleva a determinadas historias. Pero nosotros habíamos dejado en claro que la situación penal de cada uno era de ellos y de la Justicia, no de nuestro ámbito. No obstante, algunos se animaron a contar por qué estaban ahí y otros no. A raíz de estos comentarios notamos que falta trabajar en muchos aspectos, como perspectiva de género o cuestiones de violencia. Hay asuntos que a veces están naturalizados por sus historias de vida y no los pueden dimensionar. Consideramos que es un riesgo si eso no se atiende porque salen y no entendieron por qué estuvieron ahí. Entonces, ¿Qué sentido tuvo esta situación si uno no puede abordarlo e intentar modificar algo?

– Después de reunirse con las autoridades, trabajar con los internos y darle la devolución a los profesionales que trabajan dentro del penal, ¿Cómo seguiría el proyecto?

– Estamos tratando de que nos den lugar para llevarlo a cabo y que se nombren profesionales de la Psicopedagogía dentro del contexto de encierro. Pero también tenemos que tener en claro que debemos formar profesionales para estos lugares. En el mes de mayo vamos a realizar nuestro primer curso de capacitación sobre la Psicopedagogía en contextos de encierro con una mirada que traspase los muros. La idea es adentrarnos bien en el tema, lo que implica el contexto de encierro y cuál sería el rol del psicopedagogo. Todo lo que implica el lugar, lo que significa estar ahí, las situaciones de cada uno y cómo los afecta subjetivamente. Entonces, tenemos que ver eso y cómo repercute en el aprendizaje. No solo en la lectoescritura sino también en poder comprender por qué están ahí y entender que pueden elegir tener una vida diferente. Invitarlos a reflexionar. Además, consideramos que tenemos que trabajar con el equipo interdisciplinario del penal porque, para poder generar un cambio en el otro, tenemos que poder mirar diferente. Lograr un cambio de paradigma. La Justicia que se encargue de las causas y nuestra función es otra.

Aquellos profesionales de la Psicopedagogía interesados en capacitarse o sumarse al proyecto  «Intervenciones psicopedagógicas en contextos de encierro» pueden contactarse a través de Instagram @ipce.21 .

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