Betina Mendiburu, directora del jardín maternal y de infantes Dulce Compañía de Loris Malaguzzi, reflexionó sobre la trayectoria de la institución que el pasado primero de abril celebró su 22° aniversario. El proyecto, que hoy cuenta con un edificio de tres pisos, más de 600 alumnos y un equipo de 100 personas, tuvo un inicio humilde en el año 2004 con apenas tres docentes y dos alumnos.
Mendiburu, quien formó parte de aquel equipo fundador, destacó que a pesar del crecimiento y la expansión hacia los niveles primario y secundario, el jardín logró preservar su sello original: una educación basada en la importancia de las relaciones afectuosas y el respeto.
La propuesta pedagógica con la que fue fundado el jardín, se basa en el enfoque de Reggio Emilia, un modelo desarrollado e introducido por el pedagogo italiano Loris Malaguzzi. Esta metodología de enseñanza postula que los niños pueden aprender de forma autónoma a través de su observación y curiosidad inherentes, fomentando así el desarrollo de su creatividad.
Más allá de lo pedagógico, el modelo nació con un profundo sentido social, orientado a acompañar la dinámica de las familias trabajadoras. Bajo esta premisa, el jardín infantil estableció originalmente esquemas de lunes a sábados y jornadas extendidas. Esta configuración permitió ofrecer un espacio de resguardo y contención, fortaleciendo un vínculo de identidad y pertenencia que transformaba a la institución en una extensión de la vida familiar.
Asimismo, un pilar distintivo de la institución es la integración de la cultura italiana, que se introduce a través del idioma desde la sala de tres años. Este aprendizaje se aborda mediante canciones, cuentos y poesías, extendiéndose a lo largo de toda la trayectoria escolar con actividades que incluyen teatro y la visita de referentes culturales.
En la actualidad, Mendiburu advierte sobre problemáticas emergentes vinculadas al uso excesivo de pantallas, lo que ha derivado en una notable falta de desarrollo del lenguaje en niños de tres y cuatro años. Según la directora, el lenguaje posee un uso social y requiere de una respuesta que los dispositivos no pueden ofrecer, ya que el diálogo real se construye en el intercambio con el otro y no solo escuchando sonidos o memorizando palabras de forma mecánica.
Además, destacó que el impacto de las pantallas se refleja en una menor capacidad de atención, mayor irritabilidad y una baja tolerancia a la frustración. La directora también señaló un corrimiento en las pautas madurativas, observando, por ejemplo, un incremento de niños que llegan a la sala de tres años aún con pañales, una situación que no se veía con tanta frecuencia en décadas anteriores.
Ante la sobreinformación que a menudo desorienta a los padres, la institución apuesta por el trabajo preventivo y las reuniones previas para orientar a las familias. Mendiburu enfatizó que no se busca culpabilizar a los adultos, quienes a menudo enfrentan realidades laborales y económicas complejas, sino trabajar en conjunto para el bienestar de los niños.
Finalmente, para mitigar el sedentarismo y facilitar la logística familiar, Mendiburu explicó que el jardín incorporó talleres de deporte, arte y música después del horario escolar, permitiendo que los alumnos desarrollen actividades integrales.
