En Trama Educativa entrevistamos a Xavier Aguirreal, presidente de la Cooperativa de Trabajo Liberté Limitada, de la Unidad Penal 15 de Batán. Nos contó sobre los orígenes de la organización que preside, las actividades que llevan cabo, el rol del Estado, el vínculo con la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) y las perspectivas futuras.

– ¿De qué se trata la Cooperativa Liberté?

Nosotros nos convertimos en cooperativa de trabajo porque en la práctica lo éramos pero no lo sabíamos. Arrancamos en 2014 como un emprendimiento autogestionado. Lo iniciamos como una posible solución a lo que el Estado no nos proveía, por ejemplo mejor la comida incomible, poder comprarnos una maquinita de afeitar y demás. Vimos que podíamos cubrir más necesidades como una biblioteca. Así fuimos creciendo y nos convertimos en cooperativa. Empezando siendo dos personas y hoy somos más de doscientos.

– ¿A qué te referís cuando hablás de lo que debe proveer el Estado?

Quienes formamos la cooperativa Liberté estamos presos. En Argentina, los presos dependen del Estado, eso en la teoría. Pero la realidad es otra. En la práctica, el preso o la presa en nuestro país tiene dos opciones: se convierte en un indigente o depende de sus familiares, amigos, de otros presos o entidades de bien público. Por ejemplo, el Estado no te brinda calzado. Algunas frazadas te dan. Algunos colchones también. La comida es bastante incomible. Nosotros en Liberté no queríamos depender de la familia, ni de amigos, desarrollamos un procedimiento autogestivo.

Pueden conocer más sobre Liberté y sus vínculos con la comunidad en www.cooperativaliberte.coop.
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– ¿Cómo decidieron crear la cooperativa?

 Algo que surgió después de la pandemia, con el fallecimiento de nuestro padrino, el juez Mario Juliano. Nos ayudó mucho a afrontar discusiones con el servicio penitenciario. Muchas veces estuvimos a punto de cerrar o de ser trasladados porque, en el mundo carcelario, el preso y la presa si trabaja es para donar. Eso es lo común. Entonces cuando un preso o una presa trabaja y quiere vender lo que hizo es un problema. Está la idea de que el preso no puede vender porque «¿qué va a hacer con esa plata?». Esa mentalidad la logramos cambiar en la Unidad Penal 15 de Batán. Pero es una lucha constante llevar adelante la autogestión. Cuando fallece Juliano se nos vino un poco el caos. Pensamos que todos aquellos opositores a nuestro proyecto iban a ir por nosotros. Es verdad que ya nos acompañaba mucha gente como la Asociación Pensamiento Penal, quienes nos conocían del otro lado de las paredes. Habíamos hecho un buen trabajo de transparentar los muros, que la gente de afuera sepa lo que ocurre adentro. Pero aún así nos faltaba el baluarte que era Mario (Juliano). Entonces era el momento de consolidarnos. Allí salió la posibilidad de crear una asociación civil o una cooperativa. Hicimos una reunión con la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito. Les contamos nuestra idea y cómo trabajábamos. Ellos nos dijeron «ustedes ya son cooperativa, solo les falta presentar los papeles». Averiguamos si había otras experiencias de cooperativas dentro de la cárcel. Encontramos que existían otros casos similares pero con un artículo 64 de la Ley de Cooperativas que no permite que, con algunos antecedentes, determinados presos y presas puedan formar parte del Consejo de Administración. El INAES cuando una cooperativa de presos presenta los papeles directamente la rechazaban. Por lo tanto no había cooperativas de presos con Consejo de Administración formado por ellos. Todos pusieron algún familiar. Nosotros no quisimos ser funcionales a un sistema perverso. Cambió la conducción del INAES. Hablamos con ellos y nos manifestaron que no estaban de acuerdo con el artículo 64. Mientras tanto teníamos en proceso una diplomatura universitaria -la primera diplomatura de habla hispana dentro de una cárcel-. No pusimos en contacto con Alexandre Roig, presidente del INAES, y planteamos la situación. Ellos consideraban que al artículo 64 era anticonstitucional y nosotros cumplíamos con los requisitos para formar la cooperativa ya que nuestro consejo de Administración no tenía ninguno de los antecedentes que mencionaba la ley. No obstante, cuando presentáramos los papeles la oficina de legales del INAES los rechazaría por el solo hecho de que somos presos. Lo invitamos a Roig a dar una charla en el marco de la diplomatura, a mitad del año pasado, y allí nos dijo que presentemos todo que se comprometía a ver el caso. Llevamos la documentación necesaria, nos dieron la matrícula y fuimos la primera cooperativa de presos del país con un Consejo de Administración formado por nosotros mismos. Cuando se conoció nuestra experiencia, varias cooperativas de presos del resto del país lograron lo mismo.

«Lo iniciamos como una posible solución a lo que el Estado no nos proveía«.

Xavier Aguirreal – Presidente de la Cooperativa Liberté

– Es decir que no solo lograron su objetivo sino que pudieron ayudar a otros presos para que se puedan ver como trabajadores que intentan resolver sus problemas dentro de la cárcel. Es decir que a través de sus ingresos puedan mejorar las condiciones de habitabilidad dentro de la cárcel.

Tal cual. Mario Juliano siempre nos decía, y nosotros lo lo tomamos, que «las cosas malas de la cárcel se encargan de difundirlas los grandes medios de comunicación y las menos malas si no las difundimos nosotros no las muestra nadie». Por eso comenzamos a publicar en las redes. Nos animamos a hacerlo cuando conocimos a una agrupación que se llama Víctimas por la Paz. Ambos tenemos un sueño de que cuando un preso salga en libertad pueda ser un vecino más de la sociedad y que no sea estigmatizado. Empezamos a trabajar en conjunto y difundimos lo que hacemos.

– En la cárcel de Batán donde se encuentran ustedes, ¿Cómo es la relación con la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) y qué están haciendo?

La relación con la UNMDP es a través de la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social. Ludmila (Azcue), secretaria de Extensión, lo contó en la diplomatura. Ella venía trabajando en el área de cárceles y siempre tenía problemas para que le autoricen talleres. Alguna vez un director de la cárcel de mujeres le dijo «si esto viniera por un programa de la universidad no tendrían ningún problema». Pasó el tiempo y se convirtió en secretaria de Extensión. Entonces pensaron en lanzar un programa de diplomaturas abierto a la comunidad en primera instancia y luego ingresar a las cárceles. Así fue que el año pasado largaron una convocatoria de diplomaturas de Extensión. En paralelo a esto, un domingo a las 23 recibo un mensaje de Silvia Pessolano, trabajadora del INTA. Me informó que se había lanzado un programa de diplomaturas y que Liberté se podría llegar a presentar pero quedaban dos días. Automáticamente convoqué a todas las personas que nos apoyaban desde el exterior de la cárcel, incluso personas de otros país, para preguntarles si nos daban una mano. Nos dijeron que sí. En dos días presentamos todo. Nuestra presentación le llegó por sorpresa a Ludmila. Porque desde la Secretaría de Extensión pensaban ingresar a las cárceles el año siguiente. Nunca esperaron recibir la idea de un grupo de presos. Aprobaron nuestra diplomatura. La hicimos para cien alumnos. Finalmente el cupo se extendió a mil setecientos alumnos de siete países diferentes. Con esa experiencia, este año lanzamos la convocatoria para mil alumnos. Finalmente se inscribieron cuatro mil setecientos alumnos, entre sincrónicos y asincrónicos.

«Nosotros no quisimos ser funcionales a un sistema perverso».

Xavier Aguirreal – Presidente de la Cooperativa de Trabajo Liberté

-¿Están logrando el primer objetivo de que haya cosas no tan malas en la cárcel?

Estoy convencido de que sí. Liberté es una de esas cosas.

– ¿Creés que es posible seguir avanzando independientemente de los nombres involucrados?

Creo que sí pero también se que tenemos que empezar a capacitar gente para que continúen con esto porque nosotros algún día nos vamos a ir. Recién estamos empezando así que tenemos mucho por delante todavía.

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