Por Lic. María Paula Laure (M.P N° 7372)

Año 2020. Corría el mes de marzo…ese que me notifica un año más cada día 15, pero mejor aún, es el que me permite recordar: Que en uno de sus días nací, que se va el verano y llega el otoño, que mi papá voló hacia los cielos,  que dos de mis sobrinos llegaron al mundo, que en él empecé la facultad alguna vez, que enfermó mi mamá, que una de mis amigas es pisciana… Sin embargo hay un recuerdo que se mantiene a través de mí tiempo personal y profesional…Es uno que se repite pero versionado, en mi caso, desde hace 41 años: el inicio de un nuevo ciclo escolar.

Ese marzo del 2020 no daba indicios de lo que pronto sucedería. Incluso nuestras escuelas volvieron a nutrirse de niños y niñas, de familias, de docentes, de actos que anunciaban un nuevo comienzo.

Registros de asistencia provisorios, ambientes alfabetizadores por doquier, reuniones de equipo planificadas, convocadas, solicitadas…Entrevistas, llamados, visitas, toda la estructura se venía poniendo en marcha desde mediados de febrero cuando aún el sol pisa fuerte en ciudades como Mar del Plata.

Pero todo cambió. Nada de lo esbozado como posibilidad sucedió. Porque los calendarios se modificaron, las agendas se cancelaron, las rutinas se transformaron.

Y mientras en el silencioso andar de la pandemia, se escuchaban ecos de dudas, temores, preocupaciones, dolor, ahí estaba ella: Mi escuela, tu escuela, NUESTRA ESCUELA.

Un cartel con la leyenda “escuela cerrada por emergencia socio sanitaria – Covid-19” comenzaba a desplegarse en su puerta y junto con él, inevitable y contradictoriamente se habilitarían mil formas, maneras y espacios de sostén y amparo para nuestros niños, niñas y adolescentes.

El edificio de la escuela se cerró sin saber cuándo podríamos volver, sin embargo nunca se suspendieron las clases, muy por el contrario se recreó el formato de lo escolar para poder transitar la adversidad.

¿Cómo lo hicimos? Con profesionalismo, corazón y convicción. Seguramente serán muchas las experiencias, las ideas, las actividades, las propuestas que se han puesto en marcha, serán variadas, algunas intervenidas tecnológicamente en tanto otras lo serán artesanalmente, sin embargo a todas probablemente las una un gran pero sensible hilo conductor: el que se teje para acompañar las trayectorias escolares de los estudiantes.

Se puso en marcha un ´plan de continuidad pedagógica, que por supuesto generó incertidumbres, cansancios, dudas y hasta descontento en alumnas y alumnos, en familias y en docentes también pero la capacidad de trabajar juntos hizo posible una construcción colectiva  que respondiera a este nuevo contexto de distancia y virtualidad.  Hubo que crear y recrear estrategias de enseñanza que permitan la cercanía, privilegiar lo vincular por sobre lo académico advirtiendo que desde esa posibilidad de acompañar en lo cotidiano se podrían generar instancias de aprendizaje. Cuando fuimos capaces de darnos cuenta que en nuestras manos yacía la posibilidad de mantener, sostener y alimentar el lazo social, desde allí fueron fundados y recreados puentes de infinita oportunidad para llegar incluso hasta donde antes nos parecía imposible.

Poco a poco fuimos llegando a un noviembre que parecía ofrecer la chance de un reencuentro, de una vuelta a la presencialidad y, en algunos casos ésta pudo concretarse con protocolos y muchas ganas de por medio.

Más luego devino el descanso, ese que se hace tan necesario como pausa o antesala de lo que está por venir…

Febrero/Marzo 2021 va de nuevo…Pero distinto. Siempre es así. Hay rutinas pero que se reinventan a la luz del presente. Hay culturas institucionales, sociales y comunitarias que se sostienen pero que son alteradas por lo que acontece, por lo que irrumpe. Hay pensares y sentires que habitan nuestros espacios cotidianos con sus necesidades, deseos y sueños.

Como en cada marzo de mi vida, este ciclo vuelve a comenzar con su edición inédita, por estrenar cual lienzo blanco del pintor ávido por plasmar su obra, esa que irá imaginando, diseñando y ejecutando.

Mar del Plata, marzo 13 de 2021 16.50 hs… Soy María Paula Laure. Una mujer de casi 47 años, nacida en la ciudad de las diagonales pero anclada en mi bella Mar del Plata desde la infancia. Mis dadores de vida: Marta y Alberto. Ferviente hincha de Estudiantes de La Plata. Adoro la música, los colibríes y las fresias. Me encantan los azules y violetas y me pierdo en el helado de dulce de leche granizado. Mis hijos son mi fuente de vida y su padre un compañero de ruta sin igual. Mis grandes pasiones: el Trabajo Social, la docencia y la escritura.

Les propongo encontrarnos cada tanto y compartir pedacitos de experiencias, algo de lo vivenciado que pueda significarles algún aporte desde el Trabajo Social en el campo de lo educativo y seguramente desde lo más situado que implica el trabajo en el territorio de la Comarca en Estación Chapadmalal.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.