El estado brasileño de Ceará, en la región del nordeste, se destacó por un “milagro” educativo que despertó el interés de todo el mundo por lograr la tasa de alfabetización más alta de Brasil.
En el año 2007 en la ciudad de Sobral, una de las más pobres de Brasil, comenzó a gestarse un ambicioso plan de alfabetización inicial, con el que lograron pasar del puesto 1.366 al 1° en las pruebas educativas del país en tan solo 10 años. Luego de esta hazaña, el plan fue reconocido como el “milagro educativo” y se comenzó a implementar en todo el estado de Ceará.
Antes de comenzar con la iniciativa, en el año 2004, apenas el 15% de los niños comprendían lo que leían. Hoy, más de 20 años después, la cifra asciende al 85% de niños alfabetizados en la edad adecuada y las escuelas públicas de Sobral tienen mejor rendimiento que las privadas de San Pablo, el estado más rico de Brasil.
El plan se centró en mejorar la enseñanza en las escuelas públicas a partir de tres ejes: fortalecer el liderazgo y la gestión de los directores, capacitar a los docentes y acompañar con asistencia técnica y evaluaciones periódicas a los maestros de 1° y 2° grado.
Tras el rotundo éxito de Sobral, el plan fue implementado por la gobernación de Ceará en todo el estado. Sumaron un sistema de financiamiento atado a los resultados, donde los municipios con más avances obtienen más fondos para educación; y las mejores escuelas reciben un apoyo financiero extra, mientras son obligadas a acompañar a los colegios con peores resultados.
Durante el actual gobierno de Lula Da Silva, el equipo que logró el milagro de Ceará, asumió el mando del Ministerio de Educación de Brasil con el objetivo de replicar a nivel nacional los resultados de alfabetización obtenidos en el pequeño estado del nordeste.
Se trata del ministro de Educación, Camilo Santana y su vice, Izolda Cela (ambos, ex gobernadores de Ceará). Ni bien asumieron sus nuevos cargos, estos funcionarios impulsaron un pacto federal entre los 5.570 municipios y los 27 estados de Brasil destinado a que se apliquen las mismas políticas, y al que llamaron “Compromiso Nacional Niño Alfabetizado”.
Cabe destacar que en Brasil, las escuelas de nivel inicial y primaria son administradas por los municipios, mientras que las secundarias están a cargo de los estados.
En principio, el gobierno brasileño, junto con investigadores y municipios, estableció un parámetro común sobre qué significa estar alfabetizado. Crearon el indicador llamado “Niño alfabetizado”, que refleja las habilidades debe tener un chico de 7 años para leer y entender un texto adecuado para su edad.
Una vez acordado este indicador, Brasil creó un sistema de evaluación nacional, que califica a estudiantes de segundo grado de la primaria y mide los avances de forma precisa.
A la hora de implementar este plan, obtuvieron la adhesión del 99% de los municipios y de los 27 estados de Brasil, algo sin precedentes teniendo en cuenta la creciente polarización política que atraviesa Brasil hace varios años, logrando el compromiso firmado por gobernadores de diversos partidos políticos.
A partir de este acuerdo, el Ministerio de Educación nacional invirtió casi 600 millones de dólares en el sistema educativo, ofreciendo apoyo directo a los estados y municipios a través de formación docente, material didáctico, infraestructura o red de coordinadores de alfabetización en cada municipio para dar seguimiento a la política.
Además, para asegurar la continuidad del programa y evitar que los cambios de gobierno interfieran en su aplicación, Lula firmó un decreto sobre el compromiso de alfabetización, que después se transformó en una ley aprobada por el Congreso.
Como resultado de los incentivos financieros, muchos estados siguieron el modelo de Ceará, donde se asignan más fondos según los resultados obtenidos. Los resultados de esta política son auspiciosos y están a la vista. La tasa de analfabetismo en 2025 de Brasil se situó en 4,9%, siendo la primera vez en la historia que baja del 5%.
