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Por Silvana Ruiz, doctora e ingeniera en Alimentos

Consumir alimentos ya no se trata solo de saciar el hambre, ni de cubrir los requerimientos básicos de nutrientes. En un mundo donde llevamos un ritmo de vida acelerado, ¿alguna vez te detuviste a pensar que tu cuerpo es el reflejo de todo lo que te sucede? 

Estamos expuestos continuamente a situaciones de estrés, y no solo mental, sino también biológicas: el caos ambiental, la presión laboral, e incluso nuestras propias exigencias personales. En este escenario, estas situaciones nos invitan a reflexionar sobre nuestra calidad de vida, ya que nuestras reservas de nutrientes se agotan a una velocidad acelerada y nuestras células se oxidan.  

Para contrarrestar estos efectos es importante buscar alimentos que aporten, además de los nutrientes básicos, un beneficio real a nuestra salud. Es aquí donde el concepto de alimentos funcionales cobra cada vez más fuerza y demanda, impulsando a la industria alimentaria a buscar continuamente alternativas de producción innovadoras.

Pero, ¿qué son en verdad los alimentos funcionales? Son aquellos que contienen compuestos “extra activos” que ayudan a mejorar el funcionamiento de tu cuerpo y/o prevenir enfermedades. Un ejemplo claro son los alimentos ricos en compuestos antioxidantes, sustancias que protegen a las células del daño causado por radicales libres. Estas moléculas inestables se desarrollan en condiciones de estrés o factores externos, dañando la estructura celular, contribuyendo al envejecimiento prematuro e incrementando el riesgo de enfermedades crónicas o el cáncer.

El poder de los colores en tu mesa 

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Incorporar estos protectores naturales a la dieta diaria es mucho más sencillo de lo que parece si aprendemos a “leer” los colores de nuestros platos. Muchos de estos compuestos antioxidantes son también los responsables de brindar coloraciones características a las frutas y verduras. Por ejemplo, alimentos color azul, morados, rojos oscuros (ricos en antocianinas), como los arándanos, moras, frutillas, frambuesas; vegetales de color naranja o rojo (ricos en carotenoides y licopeno) como las zanahorias, tomates, pimientos. 

Existen infinitas opciones. Aprender a variar y combinar los colores en nuestra alimentación diaria es la estrategia más simple y natural de asegurar la incorporación de una gran diversidad de compuestos protectores para nuestra salud.


El presente artículo refleja la opinión personal de su autor/a y no corresponde necesariamente a la línea editorial de Trama Educativa.

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