Arián Vaquer, docente, divulgador y fundador de ArianVerse nos invita a reflexionar sobre una habilidad paradójicamente se vuelve cada vez más importante a medida que avanza la inteligencia artificial: El pensamiento crítico.
Al finalizar el Mundial se viralizó un video en redes sociales en el que parecía verse a Lisandro Martínez, jugador de la selección Argentina, negándose a darle la mano a Donald Trump. Las imágenes recorrieron las redes sociales en cuestión de horas y despertaron todo tipo de reacciones. Sin embargo, la escena nunca ocurrió como muchos la vieron.
El video había sido alterado. Podríamos pensar que el problema fue la inteligencia artificial. Pero quizás esa sea una explicación demasiado simple. La desinformación no nació con la inteligencia artificial. Las mentiras, los rumores, las operaciones mediáticas y las noticias falsas existen desde mucho antes de que aparecieran los modelos generativos de IA.
Lo que cambió no fue la existencia en sí del engaño, sino su capacidad para parecer verdadero, difundirse más rápido y llegar con una precisión inédita a quienes tienen más posibilidad de creerlo.
En el caso particular del video de Licha Martínez, lo más llamativo no fue la calidad de la edición del video. De hecho, técnicamente no era una manipulación imposible de detectar. Lo verdaderamente interesante fue que el contenido resultaba verosímil para muchas personas porque coincidía con una idea previa que ya tenían sobre el protagonista o sobre el contexto político. El video no solo apelaba a nuestros ojos, sino que apelaba, sobre todo, a nuestras creencias.
La psicología conoce este fenómeno desde hace décadas y lo llama sesgo de confirmación. Tendemos a aceptar con mayor facilidad aquella información que reafirma lo que ya pensamos y a ser mucho más exigentes con aquello que contradice nuestras propias convicciones. Es en este momento en el que aparece un desafío completamente novedoso.
Hoy dejamos una enorme cantidad de huellas digitales. Lo que buscamos, lo que comentamos, lo que compartimos, el tiempo que le dedicamos a una publicación e incluso las emociones que expresamos en línea conforman un mapa bastante preciso de quiénes somos. Y es ahí donde la inteligencia artificial es extraordinariamente buena detectando patrones que inclusive son invisibles a nuestros propios ojos o nuestro propio autoconocimiento.
Eso puede tener aplicaciones extraordinarias en educación, salud, investigación, productividad y tantos otros rubros. Pero esa misma capacidad también puede utilizarse para crear mensajes cada vez más persuasivos, pensados para captar nuestra atención y reforzar exactamente aquello que estamos más predispuestos a creer.
Por eso, el desafío ya no consiste solamente en aprender a detectar imágenes falsas o vídeos manipulados. El verdadero desafío es reconocer cuándo un contenido parece demasiado perfecto para confirmar exactamente aquello que queríamos creer.
En este nuevo escenario, el pensamiento crítico deja de ser una habilidad reservada al ámbito académico para convertirse en una competencia que se pone a prueba cotidianamente. Antes de compartir una publicación, vale la pena detenerse un instante y preguntarse: ¿de dónde proviene esta información? ¿Qué otras fuentes pueden confirmarlo? ¿Podría estar sacado de contexto? ¿Le estoy creyendo porque es verdadera o simplemente porque coincide con mi forma de ver el mundo?
Paradójicamente, cuanto más avanza la inteligencia artificial, más valiosas se vuelven algunas capacidades profundamente humanas. La curiosidad, la duda, el contraste de fuentes y la disposición a cambiar de opinión cuando aparecen nuevas evidencias. Quizás la gran pregunta que nos deja esta nueva era no sea si la inteligencia artificial podrá engañarnos cada vez mejor. En este caso, la verdadera pregunta es: ¿Seremos capaces de entrenar nuestro pensamiento crítico al mismo ritmo en que evoluciona la tecnología?
Desde ArianVerse invitan a quienes quieran conocer más sobre los servicios que prestan -tanto cursos como capacitaciones y entrenamientos personalizados sobre IA- a agendar una primera consulta gratuita en su sitio web, para poner en marcha esa actualización y ese crecimiento profesional que tanto se necesita. Que la inteligencia artificial no te reemplace: hacé que te potencie.
