En Trama Educativa dialogamos con Estefanía Di Meglio, doctora en Letras y docente de la UNMdP, sobre la fundación de la primera revista feminista de América Latina.

Nacida en México en 1976, esta publicación se consolidó como la primera revista feminista de América Latina. Durante sus años de vigencia, marcó la agenda política de las agrupaciones militantes y sirvió como un espacio vital de resistencia para escritoras exiliadas por las dictaduras del Cono Sur.


La historia de fem comenzó a gestarse durante un viaje en el que dos mujeres dialogaron sobre la urgencia de contar con un lugar propio para hablar acerca de la condición femenina. Oficialmente, la iniciativa impulsada por varias mujeres vio la luz en 1976 y funcionó en sus orígenes como una extensión de un programa de radio de la UNAM.

La figura central en aquellos inicios fue Alaíde Foppa, quien tiempo después sería secuestrada por la dictadura en Guatemala. Desde la publicación de su primer número, la revista se propuso lograr una intervención en lo social, dando un espacio a temáticas que no tenían cabida en otros discursos de la época y fundando así la idea del periodismo feminista.

Sobre cómo se encendió la chispa de este medio, Estefania Di Meglio señaló: «Se cuenta que surgió en un viaje de dos mujeres que hablaron a lo largo de ese viaje de un montón de cosas y entre ellas la necesidad de tener un lugar para hablar sobre la condición de las mujeres». 

Desde la publicación de su primer número, la revista se propuso fundar la idea del periodismo feminista en la región. En palabras de Di Meglio, fem nació «con la necesidad de la intervención en lo social». Si bien transformar la realidad por completo era imposible, el objetivo central fue accionar «al menos desde el dar un espacio y desde el dar un lugar a temas que no eran posibles en otros discursos sociales».

A través de sus páginas, fem se propuso cuestionar estructuras muy arraigadas que definían a la segunda ola del feminismo. Uno de sus ejes centrales fue exponer lo que la doctora en Letras define textualmente como el «trabajo invisible: el trabajo que hacen las mujeres en las casas, que por no tener salario es considerado trabajo invisible».

Además de cuestionar las tareas de cuidado no remuneradas frente al trabajo productivo de los varones, la publicación abrió el debate público sobre temáticas urgentes. En sus artículos, reseñas literarias y traducciones, la revista abordó «violencia contra las mujeres, derechos humanos en general, violación, aborto, las mujeres y los medios de comunicación».

Este fuerte enfoque latinoamericanista cobró un valor incalculable durante los años de la Operación Cóndor y las dictaduras del Cono Sur. En medio de un contexto de persecución brutal, la revista y México funcionaron como un refugio.

«En México en particular, las mujeres encontraron un lugar de resistencia, por supuesto, y de resguardo, porque muchas mujeres de Argentina y de otros países también fueron exiliadas durante la dictadura», explicó Di Meglio. Un caso emblemático es el de la escritora argentina Nilda Mercado, conocida como Tununa, quien formó parte de fem durante su exilio. Allí, estas mujeres encontraron «un espacio para decir lo que no podían decir acá en Argentina porque sí eran fuertemente perseguidas y censuradas».

En sus casi treinta años de publicación ininterrumpida (1976-2005), la revista experimentó distintas fases: una primera etapa de corte académico, una segunda conocida como el giro periodístico, y una tercera más intimista, enfocada en las experiencias personales de las colaboradoras.

A pesar de su enorme importancia, fem cerró definitivamente agobiada por el adverso contexto político y problemas financieros». Curiosamente, parte de esa dificultad económica respondía a las lógicas de militancia de la época. Di Meglio relató que los colectivos feministas compraban un número en grupo, lo que limitaba las ventas individuales.

No obstante, su legado fue innegable. Como destacó la investigadora, la revista «marcó agenda para los grupos militantes y activistas del feminismo». Sin embargo, Di Meglio concluyó con una reflexión crítica hacia el presente: pese a su extensa temporalidad y enorme valor histórico, fem sigue siendo «muy poco estudiada» y carece del reconocimiento que verdaderamente merece desde la academia.

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