La comunidad educativa de la Escuela de Cerámica Rogelio Yrurtia llevó adelante este miércoles una jornada de protesta contra la violencia institucional que incluyó clases públicas, una sentada y un corte de calle en la intersección de Bolívar y Dorrego.

La medida de fuerza había sido resuelta el martes durante una asamblea interclaustros, luego de conocerse el sorpresivo levantamiento del cese transitorio de funciones de la directora, quien retomó su cargo pese a las investigaciones en curso.

El conflicto expuso un profundo malestar ante la falta de respuestas oficiales, desde la comunidad educativa señalaron que no recibieron ningún tipo de información sobre el avance o la resolución de los sumarios internos iniciados, ni sobre los fundamentos por los cuales la Inspección decidió reintegrar a la directiva.

Entre los principales cuestionamientos, destacan graves denuncias por irregularidades en el manejo de fondos. Según expusieron docentes y estudiantes, se detectó un faltante de dinero en la caja chica y la directora habría contratado a su propio esposo para realizar obras en el edificio sin el conocimiento ni la autorización de la Asociación Cooperadora.

En este sentido, la delegada de SUTEBA, Sabrina Gil, remarcó que estas malversaciones generaron que todos los miembros de la cooperadora presentaran su renuncia al no querer verse involucrados contra su voluntad en manejos financieros irregulares.

Asimismo, Gil aclaró que la jornada de lucha no persigue cuestiones personales, sino que es «en defensa de la escuela y en contra de su vaciamiento». La referente sindical acusó a la conducción de aplicar «métodos violentos, de hostigamiento, de maltrato y de muchas arbitrariedades», advirtiendo que este clima de conflictividad permanente impacta directamente en la pérdida de matrícula, la paralización de proyectos y el cese injustificado de cargos docentes.

Por su parte, Daniela Garay, presidenta del Centro de Estudiantes, coincidió en la gravedad del conflicto y apuntó contra las políticas destructivas y divisorias de la gestión. Los representantes estudiantiles reafirmaron su temor a volver a convivir con la violencia institucional y denunciaron que la directiva intentó coartar los espacios físicos de estudio y esparcimiento que le pertenecen al alumnado.

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