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silencio Por Crónica Radiante

«El alma humana necesita esferas en las que pueda estar en sí misma sin la mirada del otro.»
Byung-Chul Han, La sociedad de la transparencia (2012).

El tabú ya no es lo que era antes. Hoy en día se comparte y se experimenta, casi sin escrúpulos, lo vivido, lo visto, lo escuchado y hasta lo deseado. Se habla tanto de temas relacionados con el odio, como las ganas de golpear a alguien, como de fantasías sexuales con personas que apenas se ha visto un par de veces en la vida.

Los tabúes cambiaron muchísimo con el paso del tiempo. Antes, había temas que directamente no se podían nombrar. Hablar sobre sexualidad, salud mental, emociones o incluso cuestionar ciertas normas sociales estaba muy mal visto y podía generar rechazo o críticas. La gente aprendía a guardarse muchas cosas y a no opinar sobre determinados asuntos.

Hoy la situación es muy distinta. Gracias a internet, las redes sociales y los nuevos espacios de debate, casi cualquier tema puede convertirse en una conversación cotidiana. Se comparte lo que se vive, lo que se piensa, lo que se siente y hasta lo más íntimo con una naturalidad que hace algunas décadas hubiera sido impensable. A veces, incluso, se habla de cuestiones muy personales con personas que apenas conocemos.

Lo positivo de esta transformación es que permitió visibilizar conflictos sociales que durante años permanecieron ocultos. Algunos ejemplos son la menstruación, la virginidad de las mujeres, los derechos de la comunidad LGBTQ+ o la aceptación de que los hombres también pueden mostrarse vulnerables y expresar sus emociones en público sin ser juzgados.

Sin embargo, que haya menos tabúes no significa que todo valga. Muchas veces, la falta de filtros hace que las palabras dañen a los demás. Hay temas que todavía requieren empatía, conocimiento y sensibilidad, porque no todas las personas están preparadas para abordarlos de la misma manera.

El filósofo Byung-Chul Han sostiene que vivimos en una sociedad de la transparencia, donde existe una necesidad constante de mostrarlo todo. En cierto punto, pasamos de una época donde reinaba el silencio a una donde predomina la sobreexposición. Ya no se trata solamente de poder hablar, sino de sentir la obligación de hacerlo y de compartir cada aspecto de nuestra vida.

Por eso, el desafío actual no es romper el silencio, sino encontrar un equilibrio. Está buenísimo poder hablar de temas que antes eran impensables, pero también es necesario aprender a reservar ciertos espacios personales. No todo tiene que ser público, porque las personas también necesitan momentos de intimidad para construir su propia identidad sin la mirada permanente de los demás.


El presente artículo refleja la opinión personal de su autor/a y no corresponde necesariamente a la línea editorial de Trama Educativa.

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