Elegir una institución educativa para los hijos representa mucho más que la búsqueda de una vacante administrativa; implica sumarse a un proyecto institucional con una mirada pedagógica y social específica. La escuela secundaria Amuyen se distingue por ser una cooperativa de familias que este año celebra los 40 años de su fundación, fundamentando su existencia en la participación activa de sus miembros.
Como explica su director, Santiago Aducci, se trata de una institución de puertas abiertas donde el compromiso es total, ya que «si la familia no está, no existe la escuela». En este sentido, la inscripción permanece abierta durante todo el año lectivo, pero el proceso de ingreso se centra en una entrevista para conocer «qué características, que busca la familia en la escuela» y cuáles son las expectativas que ponen en la educación de sus hijos.
Al decidir inscribir a un estudiante en Amuyen, los padres y madres se transforman automáticamente en asociados de la cooperativa, lo que les otorga «voz, voto y participación en todo lo que tiene que ver con las decisiones a nivel administrativo». Esta integración de la comunidad es tan profunda que los asociados intervienen incluso en procesos poco habituales en otros ámbitos escolares, como la elección de los equipos de conducción y cargos directivos.
El modelo de gestión se aleja de las decisiones unilaterales para priorizar el diálogo, bajo la premisa de que, aunque en una puesta en común «se tarda más en tomar una decisión, es una decisión que tiene un consenso». Este método no solo organiza la institución, sino que se integra al proceso de enseñanza para que los estudiantes comprendan el valor de la construcción colectiva.
Para los jóvenes, esta dinámica cooperativa se traduce en un rol protagónico dentro de la vida escolar, donde se busca que el estudiante sea el actor principal y no un sujeto pasivo. Un ejemplo tangible es la administración del quiosco por parte de los propios alumnos de secundaria, cuya ganancia es «destinada a cubrir con las necesidades de cada uno de los talleres», fomentando la autogestión y la responsabilidad desde la práctica.
Este enfoque educativo busca que los estudiantes se apropien de la escuela a través de acciones concretas, como la realización de murales o intervenciones artísticas en las aulas para generar un verdadero «sentido de pertenencia» basado en sus propios intereses. De esta manera, el tránsito por el nivel secundario en Amuyen se convierte en un ejercicio constante de participación democrática y compromiso con la comunidad.
