El eco de la masiva Marcha Federal del 12 de mayo aún resuena en Mar del Plata como el reflejo de una de las crisis más complejas que ha tenido que afrontar la educación pública en las últimas décadas. En diálogo con Trama Educativa, la presidenta de la Federación Universitaria Marplatense (FUM), Evelyn Marchetti, compartió su análisis sobre el impacto de la movilización y trazó una radiografía del adverso panorama político y presupuestario que atraviesan las casas de altos estudios 

La movilización dejó una huella profunda en la ciudad, al respecto, Marchetti destacó el impacto de ver el acompañamiento de diversos sectores de la sociedad civil marplatense: «La convocatoria fue grande. También lo vimos nosotros de nuestro lado, la verdad, contentos con la cantidad de gente que había porque no éramos solo estudiantes, docentes y no docentes, sino que también estaba la comunidad ahí». Para la referente estudiantil, «ver tanta gente junta en defensa de la universidad pública, la verdad que fue hermoso«.

Detrás del reclamo subyace una preocupación estructural que excede la discusión salarial y afecta de manera directa la permanencia de los jóvenes en las carreras, el sistema de asistencia y el desarrollo científico. Marchetti explicó de manera integral el alcance del ajuste presupuestario al señalar que este fondo «es lo que le da a toda la universidad básicamente un sustento económico, no es solo los salarios«.

Si bien reconoció que la mayor parte se destina a los sueldos, remarcó que «también hay becas, hay ciencia, investigación; el presupuesto se divide en todo lo que tiene que ver con la comunidad universitaria«. Este ahogo económico lesiona la función transformadora de la institución como igualadora de oportunidades. 

«La universidad para nosotros es una herramienta de ascenso social, es lo que nos pone a todos en la misma condición», reflexionó la presidenta de la FUM, advirtiendo que el ataque hacia las facultades denota un trasfondo político profundo: «La lectura que hacíamos nosotros es que claramente no quieren una comunidad que esté educada, entonces que no pueda pararse enfrente a lo que este gobierno hace también».

El escenario se complejiza aún más debido a la dificultad para establecer debates genuinos en el contexto actual, donde el intercambio constructivo suele verse obturado por consignas repetitivas. Marchetti lamentó la falta de argumentos sólidos en los diálogos políticos y la imposibilidad de generar consensos mínimos. «La verdad que es muy difícil dialogar con alguien que repite algo como loro. La idea de dialogar por ahí es ‘vos me contás tu opinión, yo la mía, llegamos a un acuerdo’; acá es imposible porque estás tratando con personas que no tienen argumentos, por lo menos cuando queremos ir al diálogo, entonces se vuelve muy difícil», analizó Marchetti.

Esta barrera comunicacional se ve potenciada por una retórica oficial que busca estigmatizar la organización estudiantil dentro de las facultades. En ese sentido, concluyó que «se vuelve muy difícil tratar de interpelar a veces a la gente, porque todo el discurso de este gobierno es antipolítico, que en las universidades no tienen que dar política; entonces, para algunos, los que estamos en el centro de estudiantes, los que militamos, es mala palabra». Ante este panorama, la presidenta de la federación remarcó el desafío diario que implica romper con esos prejuicios.

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