Gabriela Gonorazky, bióloga y delegada de ATE Conicet, analizó la situación crítica que atraviesa el sector científico en Argentina. Con la inversión más baja de la historia y una reducción del 10% de su personal, los investigadores advierten sobre las consecuencias irreversibles de la fuga de cerebros y la pérdida de soberanía.
El sistema científico tecnológico argentino atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. Detrás de los números y los recortes presupuestarios, hay décadas de formación estatal, líneas de investigación paradas y un impacto directo en el futuro del país. Para entender la magnitud de esta situación, Trama Educativa dialogó con Gabriela Gonorazky, bióloga, investigadora del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) y delegada de ATE Conicet.
Gonorazky estudia rutas metabólicas en algas, una investigación que a largo plazo permitirá optimizar la producción de biocombustibles y biopolímeros. Sin embargo, hoy su preocupación excede los muros del laboratorio: la supervivencia misma del sistema científico nacional está en juego. A diferencia del sistema universitario, que ha logrado visibilizar su situación e impulsar leyes de financiamiento, el sector científico quedó relegado. Los proyectos de ley de emergencia para ciencia y tecnología ni siquiera lograron tratamiento en comisiones.
Pero el dato más alarmante es el incumplimiento de una ley vigente. “Desde el 2021 hay una ley de financiamiento de ciencia y tecnología que obliga al Estado Nacional a ir invirtiendo de manera progresiva para llegar al 1% del PBI en 2030”, explicó la investigadora. Lejos de esa meta, la realidad actual marca un retroceso sin precedentes: mientras que al finalizar el gobierno de Alberto Fernández la inversión era del 0,3%, bajo la gestión actual de Javier Milei cayó al 0,15%.
“Es el nivel más bajo en toda la historia argentina, más bajo incluso que en la época de la dictadura militar del ´76”, advirtió Gonorazky para graficar la dimensión de la crisis. El ajuste se traduce en puestos de trabajo y conocimiento perdido. Desde el inicio del actual gobierno, la planta total de Conicet, que abarca a investigadores, becarios y personal de apoyo, se redujo de 27 mil a 24 mil personas, una caída del 10%.
Gonorazky detalla el largo camino que requiere formar a un científico, un promedio de 5 años de carrera de grado, otros 5 años de doctorado y varios años más de posdoctorado. “Estamos hablando de 13 años de formación del más alto nivel, financiada con mucha inversión del Estado, y es gente que se termina yendo”, se lamentó. A esto se suma el freno a los ingresos, ya que muchos profesionales que habían ganado concursos para entrar a la planta permanente de Conicet nunca fueron efectivizados. Además, recientemente se dieron de baja 400 becas posdoctorales, dejando a cientos de científicos sin salario y forzándolos a buscar oportunidades en el exterior o fuera del sistema.
Frente al discurso que sugiere que los investigadores expulsados del Estado serán absorbidos por las empresas privadas, Gonorazky fue categórica: “Acá el sector privado no tiene el nivel de desarrollo de países del primer mundo. Además, las empresas tienen objetivos a corto o mediano plazo y quieren ganar dinero”. A diferencia del Estado que invierte a largo plazo pensando en el desarrollo nacional, en la resolución de problemáticas sociales y en el conocimiento de los bienes comunes. “Por ejemplo, el conocimiento de nuestro mar argentino nos interesa para saber qué riquezas tenemos y para poder cuidarlo. Todo ese conocimiento permite construir soberanía”, afirmó.
La delegada de ATE Conicet también señaló la contradicción del gobierno nacional al ponderar a países como Estados Unidos, que invierten entre un 3% y un 5% de su PBI en ciencia, mientras que Argentina destina apenas un 0,15%. “Cuando uno no tiene desarrollo científico tecnológico, depende del de otros países. Eso es caro: exportamos materia prima barata e importamos productos desarrollados. Salimos perdiendo siempre. Un país sin su propio desarrollo científico es un país condenado a ser una colonia, que es lo que nos está pasando actualmente”, sentenció.
A pesar del desánimo que genera la falta de presupuesto, con salarios bajos y subsidios de investigación completamente cortados, la lucha gremial se mantiene en pie. Las recientes movilizaciones han demostrado que hay “chispa” en la sociedad para defender estas instituciones.
