El 243° aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, sirvió como disparador para analizar desde el histórico proyecto emancipador americano hasta las recientes y virales acusaciones internacionales de racismo hacia la República Argentina. En este contexto, la licenciada y profesora de historia de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Belén Fuentes, analizó los hitos fundamentales de nuestra región y polémicas contemporáneas. 

En las escuelas secundarias argentinas, la figura de José de San Martín suele estar engrandecida, dejando muchas veces en un segundo plano la vida y obra de Simón Bolívar. Durante el diálogo, Fuentes destacó la necesidad de reivindicar a este prócer, quien actuó como libertador desde el norte del continente.

Nacido en la Capitanía General de Venezuela en 1783, Bolívar provino de una familia adinerada, lo que le permitió acceder a una educación privilegiada pese a haber quedado huérfano desde muy niño. Su mentor, el pedagogo Simón Rodríguez, fue clave al inculcarle las ideas de la ilustración, la libertad y la igualdad jurídica. «A sus 22 años, en el Monte Sacro de Roma, en 1805, él jura liberar de las cadenas de la voluntad del poder español«, relató Fuentes, destacando la mística detrás de este juramento temprano.

La historia de Bolívar estuvo marcada por dos grandes proyectos, el primero de ellos fue la liberación de Hispanoamérica, un objetivo que logró con éxito, concibiendo la libertad no solo para Venezuela, sino para todo el continente. El segundo fue la creación de un gran Estado americano, un proyecto que finalmente fracasó.  Este último tuvo un intento materializado en la llamada «Gran Colombia», que abarcaba los actuales territorios de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá, pero terminó fragmentándose en 1830 por divisiones internas y la prematura muerte de Bolívar a los 47 años.

Sin embargo, el camino hacia la independencia no fue lineal. Tras el fracaso de la primera junta en Caracas en 1810 y la caída de la primera República de Venezuela, Bolívar partió al exilio, volviéndose un estratega más reflexivo. En 1815, publicó la «Carta de Jamaica», un texto con una mirada pesimista pero que ratificaba el odio hacia los españoles y declaraba una «guerra a muerte» a los realistas.

Los desafíos para unir a América Latina eran colosales, Fuentes enumeró los principales obstáculos a los que se enfrentó el libertador, destacando en primer lugar la geografía extrema. La Cordillera de los Andes presentaba un enorme desafío táctico, siendo a menudo utilizada por las fuerzas realistas para refugiarse y reorganizarse. A esto se sumaba la experiencia militar rival, ya que, a partir de 1814, las fuerzas españolas que llegaban a América habían sido entrenadas bajo las lógicas militares de Napoleón. Por último, la escasez cuantitativa de hombres dificultaba sostener las campañas y asegurar las victorias.

Fue en este contexto de dificultad que se produjo el famoso, pero indocumentado, encuentro de Guayaquil en 1822 entre Bolívar y San Martín. Ante los desafíos para finalizar la independencia de Perú, San Martín decidió dar un paso al costado y ceder su ejército a Bolívar. Las guerras de emancipación concluyeron definitivamente en 1824 con la batalla de Ayacucho, siendo Perú el último país en independizarse.

Al traer las ideas bolivarianas de unidad al presente, la historiadora advirtió que la integración regional funciona por «oleadas». Aunque hubo momentos de mayor comunión política, como durante la fundación del Mercosur, Fuentes señaló que actualmente no existe una lógica de integración sostenida. Para la licenciada, la falta de políticas de bloque ignora los denominadores históricos comunes de la región y debilita a América Latina frente a los poderes hegemónicos mundiales.

El tramo final de la entrevista abordó una polémica sumamente actual, las crecientes acusaciones en redes sociales que tildan a Argentina de ser un país racista. Fuentes fue categórica al desestimar estas afirmaciones, atribuyendo gran parte del fenómeno al «algoritmo» y a las repercusiones generadas desde el último mundial de fútbol por la falta de jugadores negros en la Selección Nacional.

La profesora ofreció un contundente contraste histórico para desmentir un racismo estructural e institucional en el país. Recordó que en Argentina la Asamblea del Año 13 determinó la «libertad de vientres», logrando que los hijos de esclavos nacieran libres. Además, la Constitución Nacional de 1853 abolió totalmente la esclavitud. A diferencia de Estados Unidos—que necesitó una guerra civil para abolir la esclavitud y mantuvo leyes de segregación e impedimentos de matrimonio interracial hasta 1967—Argentina nunca tuvo leyes que prohibieran a personas compartir escuelas, hospitales o transporte público por su color de piel. Sumado a esto, Argentina jamás fue un país colonizador y no poseyó colonias en África, lo cual explica demográficamente por qué no hay jugadores de origen africano reciente en la selección, a diferencia de países imperialistas como Francia.

Fuentes aclaró que la población afrodescendiente en Argentina se fue mezclando paulatinamente con la gran ola de inmigración europea de finales del siglo XIX y principios del XX. Si bien reconoció que al analizar a 45 millones de argentinos se pueden encontrar discursos y personas racistas, enfatizó que no es una norma avalada por el Estado, ni alcanza los niveles de violencia institucional que se observan habitualmente en otros países del hemisferio norte.

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