Pensar en voz alta: docencia y salud mental

Entrevistamos a Miriam Esquivel Hublich, responsable de @pensar_en_vozalta, para conversar sobre la actualidad de la educación.

—¿Cómo combinás ser psicóloga y docente?

Me parece importante resaltar que yo trabajo solo en una institución y creo que eso me da la posibilidad de conocer no solo a los alumnos, porque estoy en diferentes años, estoy en cuarto quinto y sexto con diferentes materias, sino también poder hacer una lectura mínima con el sesgo que puedo tener por formar parte de la institución, pero hacer una lectura institucional por el tiempo que yo paso en ese colegio. Y eso de alguna manera también me permite que vaya conociendo de año a año a ciertos grupos y saber por ejemplo por dónde ir o qué programas mirar para generar los contenidos y demás. Además eso habilita un espacio que tiene que ver con la escucha que uno como profesional la lleva incorporada, no es que uno anda por la vida siendo psicólogo todo el tiempo, pero hay algo de la práctica de la escucha que en el mejor de los casos y cuando uno se sigue formando, se implementa. A mí me gusta mucho dar clases con adolescentes porque hay algo de la escucha activa, de poder ir viendo cómo su identidad, su rol y demás, se va desarrollando.

—¿Cómo fue tu experiencia dando clases virtuales?

Lo que fue lindo de la  vuelta a la presencialidad fue empezar a identificarlos con la voz,  empezar a hacer unión de nombre y de voz y después a eso ponerle un rostro. Una de las cosas que hablábamos mucho con otros profes y colegas era ¿Insistimos con el tema de la cámara? Son adolescentes, están en sus casas, hay toda una cuestión alrededor del exponerse. A nosotros nos pasa con esto de empezar a vernos, empezar a ver cómo gesticulamos y demás, que les pasará a ellos y ahí como que yo encontré una situación como intermedia. Quizás no ponían la cámara pero participaban de las instancias y prefiero eso, que estén en el modo que encuentren y de la manera que encuentren, pero que puedan participar. Y después ponerle a esas voces y a esos nombres un rostro fue muy lindo.

—¿Qué otras situaciones te encontraste en la vuelta a la presencialidad?

Me pasa por ejemplo con cuarto año que noto que el año pasado, que fue un año entre paréntesis al ser completamente diferente, se nota que hay algo de la sociabilidad, de estar con los pares, de lo que se puede generar en un recreo, de la propia dinámica del aula, que faltó. Se nota mayor timidez o algunas cuestiones más infantiles, como si algo de ese tercer año que quedó en la virtualidad se haya trasladado a la presencialidad de este nuevo año. También entendemos que la disposición de años no deja de ser algo teórico, llevado a cabo desde un marco y que podría ser totalmente diferente pero en esta división de tercero noto esto. Noto también desmotivación a veces, en lo que es el tránsito de la semana presencial a la semana virtual, es como que la semana presencial pero esto se pierde en la semana virtual.

—¿Y para los docentes cómo fue ese cambio de lo virtual a lo presencial?

Lo que notamos con compañeros y compañeras es el cansancio, el desgaste se generó y lo que uno siente es que nuestro cuerpo y nuestra cabeza nos está empezando a pasar factura de lo que fue el año pasado. También nos empezamos a acostumbrar sobre cuáles son las reglas del juego y de golpe cambiaron y hay preguntas que han quedado en el plano del interrogante, hay mucha incertidumbre sobre cómo vamos a terminar, si va a haber que poner nota numérica. En la institución en la que yo trabajo hay asignaturas que se acoplan en trabajos por áreas, entonces también eso implica encontrarse con los compañeros en algún espacio libre de nuestras vidas para poder planificar, lo cual es maravilloso en plan aprendizaje y enriquecimiento del rol profesional pero muy desgastante también.

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