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uso de la IA capitalismo de datos Por Dana Sacco

En los últimos años, la Inteligencia Artificial -especialmente la generativa- se ha ido abriendo camino en la vida cotidiana de las personas. De manera casi natural, su uso comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en las actividades diarias, incluso en el ámbito educativo.

A fin de reflexionar en torno al impacto de la IA en las instituciones educativas desde una mirada situada en la Tecnología Educativa, Miriam Kap, doctora en Humanidades y Arte e investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), dialogó en Radio La Regional de la República Oriental del Uruguay con la magíster Leticia Pou, docente de la Universidad de la República (UDELAR).

Según indicó Kap, la IA Generativa no solo introdujo nuevos desafíos para las instituciones educativas de todos los niveles, sino que a la vez interpela a la sociedad en su conjunto respecto de cuestiones ligadas a la ética, la generación de conocimiento y la privacidad de los datos. La IA como recurso informático busca simular actividades propias del pensamiento humano. “En el caso de la IA generativa en particular, habla en lenguaje natural, el mismo que utilizamos las personas; por lo tanto, el acceso y el vínculo con esa inteligencia la dotan de otras características”, explicó la doctora en Humanidades. Y añadió: “No es meramente un artefacto o una herramienta, sino un dispositivo, un ensamblaje sociotécnico digital, una manera de mirar el mundo”.

Desafíos para la educación y sus actores: la resistencia al uso de IA en la docencia

Según Kap, aún existe una gran resistencia al uso de la IA por parte de muchos docentes durante el proceso de aprendizaje, sobre todo en el nivel superior. Acerca de esto, la investigadora sostuvo: “Hoy estamos completamente atravesados y habitados por la tecnología, en particular por la posibilidad de resolver algunos problemas de forma más rápida y con mayor originalidad”. Durante la entrevista, Kap acuñó el concepto de capitalismo de plataformas, vinculado a la apropiación de los datos informáticos de los usuarios, sin dejar de contemplar el interrogante desde una perspectiva subjetiva: ¿Qué sucede cuando la inteligencia artificial atraviesa los espacios educativos sin pedir permiso?

“No es algo que se nos imponga, porque podemos asumir un posicionamiento crítico respecto de la incidencia que estas inteligencias artificiales generativas tienen en nuestra vida cotidiana y luego en las aulas universitarias. Pero el problema que tenemos hoy es que detectamos docentes e instituciones resistentes”, señaló.

Acerca de la negativa de algunos trabajadores y cientistas de la educación a incorporar la IA en los procesos pedagógicos, Kap advirtió que esta postura genera otra problemática: delegar el uso que hacen los jóvenes de estas tecnologías enteramente en los mercados de plataformas, sin una intervención institucional que promueva una mirada crítica, puede resultar riesgoso. “Hoy nuestro rol fundamental es habilitar y visibilizar que la inteligencia artificial generativa está, que la usamos y que nos interpela”, afirmó.

En ese sentido, Kap remarcó que se desconoce el alcance que estas plataformas pueden tener con el paso del tiempo, por lo que las instituciones educativas deben sostener una distancia crítica frente a su uso. “No estamos formando a nuestros estudiantes solo para insertarse en un mundo del trabajo que desconocemos, sino para poder cambiar el mundo y formular más preguntas”, explicó.

La importancia de un uso crítico de los datos informáticos

Al profundizar en el concepto de capitalismo de datos o de plataformas, la investigadora señaló que los algoritmos de estas aplicaciones se construyen mayormente en contextos hegemónicos, no desde miradas contrahegemónicas o decoloniales. También advirtió sobre los sesgos que presentan estas tecnologías, en relación con la construcción de la verdad y la verosimilitud, así como sobre las llamadas “alucinaciones” de la IA, que pueden generar la ilusión de una presencia real y objetiva del conocimiento.

Todo ello, explicó Kap, se construye a partir de datos que han sido algoritmizados, con o sin intervención humana, y que tienden a producir una ausencia de pensamiento crítico. “El problema es quién define qué es conocer, qué se conoce y qué conocimiento es válido. El conocimiento implica poder, y muchos docentes sienten que pierden ese lugar de saber frente a las IA generativas”, analizó.

La investigadora recordó que la ruptura del modelo educativo clásico -donde el docente es el único portador del saber y donde el conocimiento es transmitido unilateralmente al alumno- se produjo mucho antes de la irrupción de la tecnología digital. En este nuevo escenario, los propios estudiantes pueden construir y co-construir sus procesos de aprendizaje. “Ese también es un conocimiento válido, riguroso, contextual y situado”, afirmó.

Kap insistió en que es necesario recordar que las inteligencias artificiales se nutren de los datos que producen los propios usuarios, incluso de espacios de intimidad que muchas veces se ceden sin reflexión. En ese marco, la investigadora aseguró que si las instituciones educativas delegan el uso de estas tecnologías al mercado, los estudiantes las utilizarán bajo lógicas ajenas a una mirada crítica. “Si no intervenimos desde la educación, dejamos todo el espacio de producción de conocimiento en manos del capitalismo de datos, corriéndonos de nuestra responsabilidad social como instituciones”, afirmó.

Desde esta perspectiva, la Especialista en Tecnología Educativa subrayó que el desafío no es prohibir ni resistir la inteligencia artificial generativa, sino incorporarla desde una posición ética y pedagógica que habilite nuevas formas de pensamiento, experimentación y construcción colectiva del conocimiento. Para Miriam Kap, sostener una distancia crítica y promover el trabajo en comunidad resulta clave para que la IA no clausure preguntas, sino que contribuya a abrirlas.

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