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Daniel Martínez, doctor en Geología e investigador del IIMyC, participó de un estudio que sistematiza más de 50 años de investigaciones sobre la edad del agua subterránea en Argentina, un dato clave para comprender su renovación, su calidad y los riesgos de sobreexplotación.

Daniel Martínez, doctor en Geología e investigador del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, Conicet-UNMdP), participó de un estudio que permitió reconstruir el estado del conocimiento sobre la edad del agua subterránea en el país y explicó a Portal Universidad que el trabajo consistió en una revisión exhaustiva de investigaciones realizadas en Argentina desde la década de 1970 hasta la actualidad. Según detalló, el objetivo fue reunir y analizar todos los antecedentes disponibles sobre datación de aguas subterráneas para obtener una mirada integral del recurso a escala nacional.

El investigador aclaró que el estudio fue desarrollado por un equipo integrado por científicos y científicas del Conicet y universidades públicas, con trayectorias en hidrogeología y geoquímica isotópica. “Fue un trabajo colectivo en el que cada integrante se ocupó de relevar antecedentes en distintas regiones y sistemas acuíferos del país”, señaló, al tiempo que remarcó la importancia de sistematizar décadas de producción científica dispersa. 

La investigación abarcó distintas regiones del país, con foco en la llanura pampeana, donde el grupo de Martínez desarrolla gran parte de sus investigaciones. Allí, las técnicas de datación se aplican para evaluar la sensibilidad de los acuíferos frente a la contaminación y el uso intensivo del suelo.

Uno de los puntos centrales del estudio fue la explicación de qué implica hablar de la edad del agua. Martínez indicó que la datación permite estimar el tiempo que transcurre desde que el agua de lluvia se infiltra en el suelo hasta que alcanza un acuífero y, eventualmente, es extraída o descargada de manera natural en la superficie.

Para ello, la ciencia utiliza distintos trazadores isotópicos, entre los que históricamente se destacaron el tritio y el carbono 14. A partir de estos métodos, es posible establecer si un agua es reciente, intermedia o muy antigua. El investigador subrayó que no toda el agua subterránea tiene la misma edad, y que incluso dentro de un mismo acuífero conviven aguas de distintos tiempos.

Otro de los ejes del trabajo estuvo vinculado a la gestión sostenible del agua. Conocer la edad del agua subterránea permite estimar con qué velocidad se renueva un acuífero y, en consecuencia, evaluar si la tasa de extracción es compatible con su recarga natural.

Martínez remarcó que esta información resulta clave para evitar procesos de sobreexplotación. “Si se extrae agua más rápido de lo que se repone, el recurso deja de ser sostenible”, advirtió. En ese sentido, la datación se vuelve una herramienta estratégica para la planificación del uso del agua en contextos productivos y urbanos.

Otro aspecto abordado en la investigación fue la relación entre la edad del agua y su sensibilidad frente al cambio climático. El geólogo explicó que las aguas jóvenes, que dependen directamente de las lluvias recientes, suelen ser más vulnerables a períodos de sequía prolongada. En contraste, las aguas muy antiguas, acumuladas durante miles o incluso cientos de miles de años, no se ven afectadas de manera inmediata por las variaciones climáticas actuales. Sin embargo, aclaró que este tipo de reservas no se renuevan a escala humana, por lo que su explotación debe ser cuidadosamente evaluada.

No obstante, advirtió que las aguas muy antiguas pueden haber estado en contacto prolongado con las rocas del subsuelo, lo que puede generar mayores niveles de salinidad u otros componentes naturales. “Cada tipo de agua tiene ventajas y limitaciones, y conocer su edad ayuda a interpretar esos procesos”, explicó.

El investigador indicó que el equipo continúa trabajando en proyectos vinculados a la datación de aguas subterráneas, tanto en la provincia de Buenos Aires como en otras regiones del país, e incluso en áreas de Chile y el noroeste argentino, donde existe interés por conocer el origen y la renovación del recurso.

Finalmente, Martínez subrayó que este tipo de estudios no solo tienen valor académico, sino que aportan información clave para la implementación de políticas públicas. Conocer la edad del agua permite planificar mejor su uso, anticipar escenarios de escasez y diseñar estrategias de protección frente a la contaminación y el cambio climático.

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