La conmemoración del 24 de marzo en Mar del Plata no fue una fecha más en el calendario. En un clima marcado por la preocupación ante el avance de discursos de odio y posiciones negacionistas desde sectores oficiales, la respuesta de la comunidad superó todas las expectativas.
Para Ana Pecoraro, hija de un desaparecido y coordinadora del Faro de la Memoria, la marcha resultó conmovedora e histórica, destacándose por una masividad que incluso superó la convocatoria de los 40 años del golpe y se vio revitalizada por una presencia juvenil que buscaba el encuentro en las calles. En este escenario, la movilización se posicionó una vez más como la «madre de todas las luchas», funcionando como un límite social frente al ataque a instituciones clave como la universidad pública y los consensos democráticos establecidos hace décadas.
Sin embargo, el histórico consenso democrático marplatense encontró un escollo inesperado en el plano institucional. Por primera vez en 20 años, la sesión especial del Concejo Deliberante fue desplazada de su fecha original bajo justificaciones que Pecoraro calificó como endebles.
Lo que tradicionalmente era un acto de respeto se transformó en una jornada atravesada por provocaciones y discursos que la referente no dudó en tildar de violentos. Durante la sesión, la lectura del documento de los organismos de derechos humanos fue recibida con hostilidad por parte de algunos ediles de la Libertad Avanza, quienes intentaron desvirtuar el sentido del acto con consignas de «memoria completa».
A pesar de la tensión y de lo que Pecoraro describió como una búsqueda deliberada de generar una reacción violenta por parte de los organismos, primó la cordura de la mayoría de los bloques políticos. Concejales de diversos sectores, desde la Coalición Cívica hasta el radicalismo y Unión por la Patria, sostuvieron discursos que valoraron la democracia construida. Para la coordinadora del Faro, esta resistencia institucional es una muestra de que los acuerdos básicos de nuestra sociedad siguen siendo sólidos, a pesar de los intentos por dinamitarlos.
La labor del Faro de la Memoria y los organismos de derechos humanos no se agota en las efemérides de marzo. El enfoque para este año, al cumplirse cinco décadas del golpe, se centra en una «memoria situada» que rescate los hechos ocurridos específicamente en Mar del Plata. A través de la creación de material pedagógico, se busca profundizar en hitos locales como la Noche de las Corbatas, los operativos en el Puerto o lo ocurrido en Luna Roja. El objetivo es claro: entender que el terrorismo de Estado no fue un proceso ajeno, sino algo que impactó directamente en el tejido social, económico y laboral de nuestra ciudad.
Este trabajo territorial se expande hacia nuevos sectores, como lo demuestra la reciente iniciativa de realizar un mural en el puerto junto al consorcio portuario y el Banco Credicoop, reivindicando la lucha de los trabajadores desaparecidos del sector.
La memoria, según concluye Pecoraro, debe ser una herramienta para pensar qué proyecto de ciudad queremos: uno que reniegue de la crueldad y se fundamente en la justicia social, la igualdad y la «ternura heredada de las Madres y Abuelas».
