Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha para generar conciencia sobre la importancia de estos ecosistemas para la vida en la Tierra y su rol en la lucha contra la crisis ecológica y climática. En los últimos 300 años ha desaparecido el 87 % de la superficie de humedales en el Planeta y su degradación continúa a un ritmo alarmante, desde 1970 se perdió el 22 % de su superficie a nivel global.
Los saberes tradicionales y las comunidades que habitan estos ecosistemas desde hace cientos de años tienen un papel fundamental en su cuidado y en la preservación de su identidad cultural. Por eso, este año la Convención Ramsar definió como lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural”.
La pérdida de humedales, zonas en las que el agua es el factor principal que controla el medio ambiente, la vida vegetal y animal asociada, es uno de los desafíos ambientales que enfrenta el planeta en la actualidad. De acuerdo con la Perspectiva Mundial de los Humedales 2025, un documento elaborado por el Grupo de Examen Científico y Técnico (GECT) de la Convención sobre los Humedales, el mundo ha perdido millones de hectáreas de estos valiosos ecosistemas en los últimos 50 años.
El reporte, el cual ofrece la evaluación global más actualizada sobre la condición, las tendencias, el valor y las respuestas políticas relativas a estos espacios naturales, advierte que casi una cuarta parte de la superficie mundial de los humedales se encuentra degradada. Esta situación genera efectos en cascada, desde la disminución de la disponibilidad de agua hasta la estabilidad del clima.
Conforme indica el reporte de 2025, se estima que desde 1970 “se han perdido al menos 400 millones de hectáreas de humedales”, es decir, un 22% de la superficie de estas zonas húmedas del mundo, con una disminución anual continua del 0.52 %. Las pérdidas varían según la región y el tipo de humedal, aunque los ecosistemas de agua dulce (lagos, pantanos y marismas continentales) son los que registran los descensos proporcionales más elevados.
Tal como define ese documento, la pérdida se entiende como la reducción del espacio donde hay agua disponible y de calidad suficiente para que las especies y subespecies de los humedales se refugien, se alimenten, descansen y se reproduzcan y es causada por actividades humanas que alteran significativamente las características ecológicas del lugar.
Asimismo, casi una cuarta parte de las hectáreas mencionadas permanece degradada. Es decir que fueron alteradas, provocando una alteración de sus características ecológicas y una reducción de su biodiversidad típica, de los procesos ecológicos o de los servicios ecosistémicos que brindan.
La degradación y pérdida de estas áreas naturales responde a una combinación de factores que se profundizan con el tiempo. La contaminación proveniente de actividades urbanas, agrícolas e industriales; el crecimiento desordenado de las ciudades; el avance del sector industrial; la intensificación de la producción agropecuaria; el drenaje de humedales; y la introducción de especies exóticas invasoras constituyen algunas de las principales presiones sobre estos ecosistemas.
En América Latina y el Caribe, la urbanización, el desarrollo industrial y la expansión de obras de infraestructura aparecen como las causas más frecuentes asociadas a la degradación y desaparición de estos ambientes naturales.
¿Qué hacer para evitar los mayores daños?
El reporte insta a los responsables de diseñar políticas públicas, al sector empresarial y a la sociedad en su conjunto a avanzar con medidas urgentes para frenar el daño y proteger los humedales. Para ello, subraya la necesidad de invertir en estos sistemas y promover acciones inmediatas y coordinadas de conservación y restauración.
Entre las propuestas, se destaca la integración de iniciativas de restauración en distintos sectores —como la agricultura, la infraestructura hídrica y la planificación urbana—, la priorización de resultados económicos a largo plazo, el aumento del financiamiento destinado a la conservación, restauración y manejo sostenible de los humedales, y la implementación de subvenciones positivas para estos espacios.
